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Full text of "El vals de las sombras : juguete cómico-lírico en un acto y en prosa"

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JOAQUÍN DICENTA 



El vals de las sombras 



JUGUETE COMICO-LIRICO 

en un acto y en prosa, origina! 



MÚSICA DEL MAESTRO 



VALVERDE (hijo) 



SEGUNDA EDICIÓN 



80CIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñez de Balboa, 12 

1908 



í 



EL VALS DE LAS SOMBRAS 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni en los países con los cuales 3e hayan cele- 
brado, ó se celebren en adelante, tratados internacio- 
nales de propiedad literaria. 

El autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad de 
Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 



Droits de représentation, de traduction et de repro- 
duction reserves pour tous les pays, y compris la Sué- 
de, la Norvége et la Hollando. 



Queda hecho el depósito que marca la ley. 



EL VALS DE US SOMBRAS 

JUGUETE COMICO-LIRICO 
©n um acto y en prosa 

OBIGINAL DE 

JOAQUÍN DICENTA 

música del maestro 

VALVJERDE (hijo) 



Estrenado en el TEATRO ESLAVA la noche del 8 de 
Marzo de 1906 



SEGUNDA EDICIÓN 



N 

MADRID 

a VBLASCO, IHP., MARQUES DB 8 AHTA ARA, 1] BTTP, f 

Teléfono número 551 
1908 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

AURELIA Seta. Loeeto Peado* 

ESCOLÁSTICA Sea. Castellanos. 

CARLOS Se. Llaneza. 

TADEO Chicote. 

DON MARCOS Solee. 

DON FROILÁN Ripoll. 

EL TÍO PINTO Casteo. 

LUGAREÑO l.o Mobales. 

Coro general 



La escena en un pueblecito inmediato á Madrid 



Derecha é izquierda, las del actor 






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ACTO ÚNICO 



El teatro representa un galón de planta baja en un hotelito de al- 
quiler. La habitación estará decorada con modestia, pero con las 
comodidades propias á personas que disfrutan una posición des- 
ahogada. En el fondo una puerta grande de dos hojas, por cuyo 
hueco se ve otra de cristales esmerilados, entrecruzados por vari- 
llas de hierro. Esta puerta supone ser la de entrada y comunicar 
-con el jardín. A la derecha, en primer término, una ventana prac- 
ticable que adelantará todo lo posible para ser bien vista del pú- 
blico. En segundo término una puerta, que supone ser el dormi- 
torio de Tadeo. A la izquierda, una puerta que comunica con el 
interior de la casa. Al levantarse el telón aparece en escena Aure- 
lia, que representará tener de veinticuatro á veinticinco años, y 
vestirá un traje de casa, elegante y sencillo. Estará sentada en un 
sillón, haciendo como que arregla los botones de un gabán de 
hombre. Los muebles aparecerán colocados con el desorden pro- 
pio á una mudanza sin terminar. Encima de una silla habrá una 
americana de hombre. 



Tadeo 

Aur. 

Tadeo 

Aur. 



ESCENA PRIMERA 

AURELIA, TADEO. Al final ESCOLÁSTICA 

Música 

(Dentro.) ¡Aurelia! 

¡Tadeo! 

El agua, 
¿está caliente ó no está? 
Lo preguntaré. ¡Escolástica! 



e^4 ÍY7.S 



— 6 — 



Esc. 

Aur. 
Esc. 
Aur. 



Tadeo 
Aur. 

Esc. 
Aur. 
Esc. 



Tadeo 



Aur. 
Tadeo 
Esc. 
Tadeo 

Aur. 



Esc. 



Tadeo 



(Dentro.) 

¿Qué quieres? 

¡El agua! 

¡Va! 
Qué vida tan divertida 
es mi vida con Tadeo; 
marido gruñón y feo 
me vino en suerte á tocar. 
¡Qué deliciosa existencia! 

Con paciencia 
Dios me la ayude á llevar. 
¿No oiste que pedí el agua? (saliendo.); 
¿No oiste que llamé ya? 
¡Escolástica! 

¿Qué? 

¡El agua! 
¿No has oído que ahora va? 
(saliendo.) Pero escucha, 
¿tu marido se ha creído 
que el agua basta ponerla 
en la lumbre para verla 
en la cafetera hervir? 
¿Y tú puedes presumir 
que yo me voy á pasar 
toda mi vida gritando 
con el babero colgando 
y sin poderme afeitar? 
No te pongas de ese modo. 
De rodillas me pondré. 
Se incomoda usté por todo. 
Prueba que no me incomodo 
es que no la estrello á usté. 
Veinte veces he llamado 
bien lo has podido tú oir; 
no es mi culpa si ha tardado 
Escolástica en venir. 
¿Cree usté que es culpa mía, 
señor, que el agua al salir 
de la fuente salga fría 
y no eche al momento á hervir? 
Como no ande usté ligera 
voy en persona á buscar 
al fogón la cafetera 
y la voy á usté á escaldar. 



- 7 — 



Aur. 


Vamos, no reñir. 


Tadeo 


Es que á esta mujer 




no hay quien en el mundo 




la pueda sufrir. 


Esc. 


¿Pues y á usted? 


Aur. 


¡Anda ya! 




(Escolástica hace mutis y vuelve á salir con una cafe- 




tera en la mano.) 


Tadeo 


¡Hase visto impertinencia! 


Aur. 


Ten un poco de paciencia. 


Esc. 


(Entregando la cafetera á Tadeo y derramándole un 




poco de agua en la mano.) 




Agua va. 


Tadeo 


(Gritando.) ¡¡UyÜ 




Tengo la mano abrasando, 




¡qué dolor! 




¡caracoles cómo está! 


Esc 


Pues hirviendo, pues hirviendo, 




sí, señor 




como usté me la pidió. 


Tadeo 


¡Ah, ah, ah, ah! 




¡Caracoles cómo está! 


Esc. 


(Riendo.) 




¡Ja, ja, ja, ja! 


Aur. 


¡Cállate, cállate ya! 


Tadeo 


¡Ah, ah, ah, ah! 


Esc. 


¡Ja, ja, ja, ja! 


Aur. 


¡Cállate, cállate ya! 




(Entra Tadeo en la habitación de la derecha.) 



ESCENA II 

AURELIA y ESCOLÁSTICA 



Hablado 

Aur. ¡La Virgen Santísima me dé calma! 

Esc (Acercándose á ella.) ¡Pobrecillal ¡Quién iba á 

decirme que tú, la que yo crié con estos pe- 
chos, es decir, con estos no, con los de en- 
tonces, había de caer entre las manos de 
semejante tío! ¡Cuidado con el hombre! ¡Qué 



más desea ese vejestorio! ¡Si parece menti- 
ra! |Yo que soñaba con un querubín para 
casarlo con mi Aurelia!... ¡Sí, sí! Mal día de 
querubines debió hacer allá arriba cuando 
cayó éste. ¡Valiente querubín! Por diez cén- 
timos los venden mejores en el Rastro. 
Aur. (con tristeza.) Soñar es una cosa y otra andar 

por el mundo. Todas las mujeres soñamos 
con un querubín que nos lleve á la Vicaría. 
Menos mal, si las que nacen pobres, como 
yo, alcanzan la suerte de despertarse al lado 

de Un TadeO Cualquiera. (Se dirige hacia la ven- 
tana de la derecha y se pone á mirar por ella.) 

Esc. ¡Pensar que tu madre tuvo la culpa! (Repa- 

rando en que Aurelia no le hace caso.J¿No me Oyes? 
(Acercándose á la ventana.) ¿Qué miras? 

Aur. El hotel de enfrente. 

Esc. Es precioso. Mejor que el nuestro. 

Aur. ¿Conoces á la señora que lo ocupa? No he 

podido distinguir bien sus facciones, pero es 
rubia, elegante... Envidia le tengo... 

Esc. ¿Por qué? 

Aur. Porque debe ser muy dichosa. 

Esc. ¿Qué sabes tú? 

Aur. Verás. El día que llegamos me asomé á esta 

ventana, y mis ojos tropezaron con la inqui- 
lina. Estaba en el último balcón, con el 
cuerpo inclinado hacia la calle, como si se 
despidiera de alguno. Parecía impaciente, 
deseosa de que aquel alguno se alejase cuan- 
* to antes. 

Esc. Sería su marido. 

Aur. No lo sé. Permaneció un rato en la misma 

postura; luego entró en la sala, volvió lle- 
vando un pañuelo de color en la mano, lo 
ató á uno de los hierros, metióse dentro y 
cerró las vidrieras. 

Esc. Sigue. 

Auk. La cortina que cae detrás de las vidrieras es 

muy transparente, mucho, tanto que yo veía 
la sombra de la mujer rubia ir y venir de 
un lado para otro con inquietud, con ansia, 
como si esperase á alguien que tardaba mu- 
cho en llegar. 



- 9 — 

Esc. Ese alguien no era su marido. 

Aur. AI poco tiempo, ya no fué una, fueron dos 

las sombras que transparentó la cortina; una 
era de hombre. Aquellas dos sombras se in- 
clinaban la una hacia la otra, se unían, se 
amaban... Se amaban, sí, no tengas duda. 
El amor es tan indiscreto que ni las sombras 
pueden ocultarlo, (pausa breve.) Ayer pasó lo 

mismo; y hoy. (Mirando por la ventana.) Ya está 

en el balcón, ya se dispone á atar el pañue- 
lo encarnado. Antes lo sacude. ¿Qué señal 
será esa? N 

Esc. En la Plaza de Toros, banderillas de fuego. 

Aur. (Luego de mirar un instante.) Ya entró; ya pasea 

impaciente. ¡Pronto vendrá él! (con melanco- 
lía.) Me dan mucha envidia esas sombras 
que se quieren tanto. ¡Querer!... ¡Ser queri- 
da y!... (Apasionadamente, como volviendo á la rea- 
lidad, a Escolástica.) Eutrale á Tadeo su gabán. 

(Cogiendo el gabán para entregarlo á Escolástica. En 
este momento sale Tadeo por la puerta de la derecha. 
Tadeo, que lleva un cepillo en la mano, se detiene de- 
lante del espejo, que abrá sobre un entredós, entre 
la puerta y la ventana de la izquierda. Procúrese que 
el cepillo sea de cabeza, pero de los que tienen forma 
casi igual á los cepillos de ropa. Sobre el entredós ha- 
brá otro cepillo semejante.) 



ESCENA III 

AURELIA ESCOLÁSTICA y TADEO 



Aur. (a Tadeo.) ¿Concluíste? 

TaDEO Sí. (Atusándose el pelo delante del espejo.) Creí 

que no terminaba con tiempo de llegar al 
tren. (Mira ei reloj ) Las dos. Me sobran vein- 
ticinco minutos, y la estación está muy 

Cerca. (Coge la americana, que está encima de la si- 
lla, se quita la bata, la deja sobre la silla y se pone la 
americana.) 
ESC. El gabán, señor. (Ofreciéndosele ) 

TADEO \ enga. (Se mete una manga y comienza á hacer es- 

fuerzos para meter la otra, sin conseguirlo. A Aurelia.) 



_ ]0 - 



Aur. 
Tadeo 



Esc. 



Tadeo 



Aur. 
Tadeo 



Esc. 
Tadeo 

Esc. 
Tadeo 



Ayuda mujer. ¡Le ves á uno sudando y te 
quedas tan fresca! 

(Ayudándole.) Creí que podías hacerlo sólo. 
¡ Ya se ve que puedo! ¿no lo ves? (Metiéndose 

el gabán con auxilio de Aurelia,) Aun no estoy en 

edad de que me ayuden, ¡pero cuando hay 

prisas!... 

¡Claro! ¡Como que va á necesitar el señor 

que le ayuden!... Así que no está ágil. Parece 

un pollo. Sobre todo cuando ee tiñe el pelo. 

(Con sorna. Tadeo, que al oir la frase de elogio que le 
tributa Escolástica, manifiesta gran satisfacción, hace 
un gesto de ira al oirle decir que se tiñe.) 

(con despecho.) Que yo me tina ó que no me 
tina maldito si te importa. ¡Pues hombre!... 
Por supuesto, la culpa de que seas una des- 
lenguada, no es tuya, es de Aurelia. 
¿Mía? 

Tuya. Con el achaque de que te ha criado 
y de que no puedes separarte de ella, hay 
que pasar por todo. 

Sí; la he criado. Pero no pensaba criarla 
para usté. Si lo pienso, la dejo morir de 
hambre. 

Y yo, si no te callas, te echo á la calle á 
puntapiés. Estás inaguantable desde hace 
tres días. ¿Es que tampoco te gusta la mu- 
danza? 

Lo que no me gusta es ver sufrir á la se- 
ñorita. 

Déjame en paz. (Hace ademán de dirigirse al fon- 
do.) ¿Me falta algo? (Tocándose los bolsillos del 
gabán y la americana.) El pañuelo. (A Escolástica.) 

¡Tráele! Encima de la mesa de nochelo pu*e. 

Tráete al paso el sombrero. (Entra Escolástica 
en la, habitación de la derecha.) 



ESCENA IV 

AURELIA y TADEO 



Aur. (a Tadeo.) Vamos, ven aquí y te cepillaré, 

que buena falta te hace. (Coge del entredós el ce- 



— 11 — 

pillo que sacó Tadeo en la mano y se dispone á cepillar- 
le. Tadeo vuelve la cabeza, y al mirar el cepillo que- 
tiene Aurelia en la mano hace un gesto de espanto.)' 

Tadeo (Rechazando el cepillo.) ¡No! ¡Con ese no!... ¡Es 
el de Ja cabeza! 

AüR. Perdona. (Deja el cepillo sobre el entredós, y coge el 

otro cepillo.) Aquí está el Otro. (Cepillando á. 
Tadeo ) 

Tadeo |Ah! jSe me olvidaba! Te advierto que esta 
noche tengo convidados. 

AUR. (Sorprendida. )¿ Aquí? 

Tadeo ¿Dónde va á ser? 

Aur. Pero, hombre... ¡Si no hay nada dispuesto! 

En un pueblo no se improvisa una comida 
como en Madrid. 

Tadeo Sería raro que no pusieses inconvenientes á 
un gusto mío. 

Aur. Es que los hay. 

Tadeo Si los hay los suprimes y te las compones- 
corno puedas. La invitación está hecha, ¿sa- 
bes? Se trata de Froilán. Un amigo de la 
infancia, á quien tú no conoces; un hombre 
de mi edad, de mis costumbres, de mi ca- 
rácter. 

AüR. (Aparte.) ¡Bonita recomendación! (Entra Esco- 

lástica por la puerta de la derecha, con el sombrero en 
una mano y el pañuelo y la cartera en la otra.) 

ESC. El Sombrero. (Deja el sombrero encima de una 

mesa.) El pañuelo. (Entregándosele á Tadeo.) Aquí 
encima dejo esto. (La cartera sobre la consola jun- 
to á la carta ) 

TADEO Trae, (coge el pañuelo y se lo mete en el bolsillo del 

gabán.) 



ESCENA V 

AURELIA, ESCOLÁSTICA y TADEO 

Aur. De modo, que encontraste á tu amigo. 

Tadeo Ayer, al cabo de veinte años... ¡Figúrate! 
¡Froilán!... ¡Tadeo!... Es decir, ¡no! ¡Tadeo!... 
¡Froilán! Tal fué el orden de las exclamacio- 
nes, porque Froilán me reconoció á escape. 



— 12 



Esc. 
Tadeo 



Aur. 
Tadeo 



Esc. 
Aur. 
Tadeo 



Aur. 
Tadeo 



Esc. 
Tadeo 

Esc. 

Aur. 

Esc. 



Aur. 
Tadeo 

Aur. 
Tadeo 



|Como que he variarlo muy poco! Yo tardé 
más en reconocerle. Está muy viejo el pobre; 
con todb el pelo blanco. Yo en cambio, ya 

ves. (Con ademán presuntuoso.) 

(con seriedad cómica.) ¡Usted lo tiene más negro 
cada día! 

(a Aurelia ) ¡Un siglo sin vernos! ¡Qué abra- 
zo!... ¡Hacía mucho tiempo que no daba uno 
tan á gusto! 
(con ironía.) ¡Gracias! 

Me refiero á abrazos masculinos. No con- 
fundas. Froilán ha hecho un capitalazo. Pa- 
pel, fincas: en este pueblo ha comprado una. 
Me dijo que iba á venir hoy á ultimar con. 
el alcalde no sé qué gestiones; le he dicho: 
«Comerás con nosotros.» 

¡Eh! (Sorprendida.) 

Lo que hará será morirse de hambre. 
No es exigente. ¡Y tiene un hijo!... Es su chi- 
fladura. Muy calavera; se pasa los meses sin 
ver al autor de sus días, pero es guapo, listo, 
gracioso... 
(sin poderle contener.) ¿Viene con su padre? 

(Mirando fijamente á su mujer. Con acritud.) No; 

Froilán viene solo. En el tren de las ocho. 
A las siete terminará la junta de accionistas 
que preside. Yo volveré antes; apenas tengo 
asuntos que despachar; por eso no he ido á 
Madrid temprano, (coge el sombrero.) Conque, 
á las ocho la comida. 
¿Qué comida? 

La nuestra. La que damos á mi amigo Froi- 
lán. 
Pero, ¿va á comer aquí ese hombre? (con 

asombro.) 

Sí. 

(a Tadeo.) Usted no anda bien de los cascos. 

Eso es imposible. No hay nada dispuesto. 

¡Imposible! 

Lo mismo creo. 

Pues crees una estupidez. He dicho á las 

ocho, á las ocho. 

Yo... 

Basta de réplicas (Mira el reloj.) Las dos y 



— 13 - 

cuarto, (a Escolástica.) Acuérdate de llevar al 
alcalde la carta en que me ofrezco como ve- 
cino. Encima del entredós la tienes. Hasta 

luego. (Abre la puerta de cristales y sale por ella.) 



ESCENA VI 

AURELIA y ESCOLÁSTICA 

Esc. ¡Ojalá descarrile el treü! 

Aür. No seas borrica. 

Esc. Si no llevo mala intención. Conque desca- 

rrile el coche donde vaya el amo, me con- 
formo. 

Aur. Déjate de descarrilamientos y á ver cómo 

salimos del apuro. 

Esc. ¡Fácil es! 

Aur. Sin embargo... 

Esc. Di sin comestibles. Huevos y jamón y ja- 

món y huevos. Si venden otra cosa en el lu- 
gar me la como cruda. De modo que ya sa- 
bes: primer plato, tortilla de jamón; segun- 
do plato, jamón y huevos fritos; tercer plato, 
menestra de jamón; cuarto plato... El cuarto 
plato me lo tira á la cabeza eee don Froilán. 

Aur. No tanto. Tenemos algunas conservas. Vino 

hay también. 

Esc. Criatura, <¡y la mesa? ¿Y la vajilla que aún 

está embalada? ¿Y los manteles? Se te ocu- 
rrió meterlos en el baúl grande y el baúl 
grande tiene veinticuatro bultos encima. El 
comedor está lleno de trastos. 

Aur. Pondremos la mesa en el gabinete. Lo que 

has de hacer es darte prisa y coger la cesta 
é ir ala compra. 

Esc. Bueno. No te enfades. Ya voy. (Entra por la 

puerta de la izquierda.) 

Aur. Esto no es vida, es un martirio. ¿Y qué voy 

á hacer ya? Resignarme, sufrir mi muerte. 
¡Ay, madre mía, cómo te equivocaste! (sale 

Escolástica por la puerta de la izquierda con mantón, 
pañuelo á la cabeza, y una cesta al brazo.) 

Esc. Lista. m 



— 14 — 

Aur. Entonces andando. Ahí (En el entredós.) tienes 

la carta para el alcalde. Llévasela. 

ESC. ¡Bueno!... (Dirigiéndose al entredós ) Ya Se dejó el 

hombre la cartera olvidada. Y ahora échale 
un galgo. El tren habrá salido de la estación. 
La meteré donde estaba, en el bolsillo de la 
bata, (lo hace.) Bien, así, cuando vuelva, no 
tendrá que echar la culpa á nadie. (Entra en 

la habitación llevando la bata.) 

Aur. ¡Ay!... ¡Qué vida más insoportable y más 

fastidiosa! (Sale Escolástica.) 

Esc. Ya está. 

Aur. Pues márchate por la compra y tráela á es- 

cape. Y prepara una buena comida. 
Esc. ¡Buena comida! ¡Demonios rebozados con 

guindillas les pondría yo!... (Sale por la puerta 
del fondo.) 



ESCENA Vil 

AURELIA. Al final, CARLOS 

Música 

Aur ¡Felicidad! ¿Quién la encuentra 

en los brazos de Tadeo? 
¿Quién es feliz con un hombre 
cursi, gruñón, viejo y feo? 
¡Feliz! ¿Cómo es posible 

serlo con él? 
¡Qué envidia me producen 
las sombras de ese hotel! 

(Se levanta y va á la ventana derecha ) 

Ya están allí, detrás de la cortina 
que cae sobre el balcón; 
las sombras van y vienen 

contándose la historia de su amor 
Es un cinematógrafo 
lo que se ofrece allí, 

pero no es para niños inocentes 

según lo que yo veo desde aquí. 
Ahora habla ella¿ 



— 15 - 

(Recitado.) Sus brazos á lo largo — del cuerpo 
deja caer. — ¡Ay, qué gracia! ¿Pues no tiene 
tres brazos — la sombra que dibuja la mujer? 
¡Bueno! Tres brazos;— no puede ser. — El ter- 
cer brazo no es de ella, — es de él. 

(Cantado.) 

Pensar que es de ella 

fuera locura, 
iba á salirle á ella un brazo 
en mitad de la cintura. 
(Recitado.) Habla él. ¿Qué le dirá? — Se alza su 
mano. — ¿Irá á pegar'a? 
(cantado.) No que al caer 

cae esa mano muy despacito 
para perderse en los cabellos 
de la mujer. 
Sombras dichosas 
son esas dos, 
que en la cortina 
pintan su amor. 
(Recitado.) ¿Eh?— ¿eso qué es? — ¿qué es lo que 
en la mano— tiene esa mujer? 
(cantado.) Un papel, 

una carta de ella ó de él. 

¡Cómo ella y él 
sus cuerpos juntan para leer! 
Yo de ese modo 
nunca leí. 
jAy, quién pudiera 
carta de amores 
leer así! 
(Recitado.) Las sombras se adelantan, — se 
acercan... más... — ¡demoniol ¡más! ¡¡más!! 
¡isíi! — ¡¡sombras!! 

(Cantado.) 

¡Que estoy yo aquí! 
(Recitado.) ¿Qué sucede?...él manotea... — Ella 
demuestra temor... — El desaparece .. y ella 
—va y viene junio al balcón... huye... se 
pierde... también— ella desapareció, 
(cantado.) Pero ¡Dios mío! 
¡qué necia soy! 
con el juego de dos sombras 
jugando estoy. 



— 16 — 

Deja esas sombras 
tras la cortina, 
que las dibuja 
sobre el balcón, 
vuelve á tu vida 
donde ni en sombras 
vive el amor. 

(Breve pausa, durante la cual la actriz permanecerá en 
la actitud de una mujer en cuyo pensamiento se mez- 
clan tristezas y alegrías. Haciendo ademán de dirigirse 
á la izquierda. Cuando Aurelia llega cerca de la puerta 
de la izquierda, suena un tiro lejano. Asustada.) ¡.Eh!... 
¡Un tiro!... (Tranquilizándose. Va á entrar por la 
puerta de la izquierda á tiempo que se abre con estré- 
pito la ventana de la derecha y aparece en ella Carlos 
en actitud descompuesta y nerviosa. Aurelia queda in- 
móvil. Carlos cierra la ventana precipitadamente.) 



ESCENA VIII 



AURELIA y CARLOS 



Música 

AüR. (Aterrada.) ¡OÍOS mío!... ¡Un hombre!...' (Eaee 

ademán de dirigirse al fondo.) 

CARLOS (interponiéndose entre la puerta del fondo y Aurelia.) 

¡Chist! (Llevándose un dedo á los labios.) 

AüR. (Con voz entrecortada.) ¡Esco!... ¡EsCO...! (Querien- 

do gritar y sin poderlo conseguir ) 

CARLOS (Avanzando.) ¡Chistl (En la misma actitud.) 

AüR. (Con voz entrecortada.) ¡La... la! .. 

CARLOS (Avanzando.) ¡Cllist! (Este momento queda entregado 

á la discreción de los actores.) 

AüR- ¡So!... ¡So!... ¡Socorro! (Gritando y dirigiéndose al 

fondo.) 

Carlos (üeieniéndoia.) ¡Por lo que más aprecie en el 
mundo, no grite usted! 

AüR. (Aterrada por la actitud de Carlos.) ¡Piedad! 

Carlos No tema usted, señora"; no soy un bandido. 
Pero, ¡cállese, cállese, ó ros pierde!. . (En ac- 
titud suplicante.) Soy un hombre de honor. 

Aur. ¿Por qué ha entrado usted por la ventana? 



— 17 — 



Carlos 

Aur. 

Carlos 

Aur. 

Carlos 
Aur . 
Carlos 

Aur. 

Carlos 

Aur. 



Carlos 



Aur. 
Carlos 



Aur. 
Carlos 
Aur. 
Carlos 



Aur. 

Carlos 

Aur. 

Carlos 



Aur. 
Carlos 
Aur. 
Carlos 



Porque no podía entrar por otro sitio. 
¿Qué intenta? 

Esconderme. Nada más que esconderme. No 
tengo tiempo de otra cosa. 
¡Esconderse!... (con energía.) Lo que va usted 
á hacer es salir inmediatamente de aquí. 
Eso sí que no. 
¿No? 

Es necesario que me quede. Si no lo fuera 
no insistiría. 
Caballero... 

No me juzgue usted mal. 
¿Cómo he de juzgar á quien toma por asalto 
mi casa? (Aparte.) Facha de ladrón no la 
tiene. 

Óigame usted antes de condenarme. Óiga- 
me usted y sálveme usted. Mejor dicho, sál- 
vela usted á ella. Se trata de la honra de una 
dama 
(Dudosa.) ¡Eh! 

Sí, No importa que lo sepa usted todo. Más 
aún; para salvarnos necesita saberlo. Es us- 
ted joven, hermosa, compasiva — una mujer 
hermosa es compasiva siempre. — Usted me 
oirá; usted rne ayudará á salvarla. 

(Sin comprender.) ¿A quién? 

A ella. 

¿Y quién es ella, señor mío? 

¿No la conoce usted? Sí; la conoce por lo 

menos de vista. Es la inquilina del hotel 

inmediato. 

(Como entendiendo.) ¡Ah! 

Una mujer á quien adoro. Yo soy... 
(interrumpiéndole.) Estoy al cabo de la calle. 
Usted es la otra sombra. 

(Asombrado.) ¡Cómo!... ¿La otra Sombra? (Apar- 
te ) ¿Estará? (Haciendo seña de que está loca.— Alto.) 

No soy una sombra. Soy un hombre de carne 

y hueso. Toque usted, toque usted, señora, 

y se convencerá. 

No hace falta. Usted es la otra sombra. 

¿Yo?... 

No discuta y termine pronto su historia. 

Termino. Ella y yo nos amamos. 



— 18 — 
Aür. Mucho. Ya lo sé. 

CARLOS ¿Lo sabe USted? (Cada vez más sorprendido.) 

¿Cómo? 

Aur. El cómo es lo menos. Adelante. 

Carlos Nos amamos con pasión, con delirio, con 
ese amor ciego que hace olvidarlo todo. Su 
marido es un tigre... de la escala de reserva, 
un viejo que la martiriza, que no puede ha- 
cerla dichosa. Ella y yo nos encontramos 
frente á frente... Se verificó el choque. Yo 
venía á verla, sin que se enterase el otro, por 
supuesto; el otro no me conoce, no me ha 
visto nunca; ella me hacía una señal. 

Aur. Con un pañuelo rojo. 

Carlos ¡Usted no ignora nada! 

Aur. Casi nada. ¿Qué más? 

Carlos Hoy llegué á su casa, como siempre. Está- 
bamos cerca del balcón... 

Aur. Leyendo una carta. 

Carlos (Muy sorprendido ) ¿Es usted bruja? 

Aur. Soy curiosa. Mi curiosidad me hizo saber lo 

de la carta. 

Carlos Pero no sabrá usted lo que sigue, ¡y lo que 
sigue es horroroso! Nos creíamos solos con 
nuestra dicha cuando sonaron pasos en la 
escalera. ¡Era el marido! ¡Qué momento, 
señora! Apenas tuve tiempo de saltar por 
una ventana. El no me vio saltar, pero me 
vio cuando llegaba al límite de su jardín. 
Dio un grito, cogió la escopeta y ¡pum! 
fuego. Yo ni siquiera volví la cara; conti- 
nué corriendo y salté la cerca. Mientras él 
da voces y acude gente, llego al jardín de 
ustedes; quiero saltar Ja tapia, ganar la ca- 
rretera, huir. ¡Imposible! La tapia tiene cin- 
co metros de altura; delante de la puerta 
hay dos hombres: des de mis perseguidor s 
acaso. Entonces doy vuelta al hotel, veo en- 
treabierta esa ventana, tubo á ella, empujo 
los cristales, lanza usted un grito y aquí me 
tiene usted. 

Aur. Bien; ¿y ahora qué hacemos? 

Carlos Yo lo que hago; decir á usted: ¡sálvela us- 
ted, señora! ¡Ocúlteme usted! porque el ma- 



— 19 — 

rido me persigue, y si me encuentra, si me 
ve, comprenderá que un hombre de mi* 
trazas no puede ser ladrón de hortalizas; lo 
averiguará todo; si lo averigua, ella quedará 
deshonrada y yo me levantaré la tapa de los 
sesos. 

Aur. Pero.. 

«Carlos Pero eso no ocurrirá, porque usted va á ayu- 
darme á salvarla ¡Salvémosla! ¡Sálvela us- 
ted, por Dics! (Arrodillándose á los pies de Au- 
relia.) 

Aur. (Emocionada.) Vamos; no sea usted niño* Le- 

vántese. 

Carlos (De rodillas.) No he de hacerlo hasta conse- 
guir que USted me Oculte. (Aurelia repite la in- 
dicación de que se levante Carlos y éste lo hace.) 

Aur. He dicho que salga usted. Soy una mujer 

casada, caballero. 

Carlos ¿Casada? Mejor. 

Aur . ¿Qué? 

Carlos Mejor, sí; para que usted me ayude. 

Aur. ¿Yo? 

Carlos Casada con un hombre joven, amante, lle- 
no de pasión, de ilusiones y de ventura, (ai 

ver un movimiento de interrupción de Aurelia.) No 

tiene usted que asegurarlo. Lo contrario se- 
ría una imbecilidad de la suerte. 

AüR. ¡Ay! (Suspirando.) 

Carlos Ustei que goza la dicha de un matrimonio, 
matrimonio, compadézcase de una mujer in- 
fortunada, sometida á las impertinencias y 
malos tratos de un viejo ridículo. ¿Sabe us- 
ted lo que significa para una mujer apasio- 
nada, hermosa, sensible, soportar á un viejo 
gruñón y egoísta? No lo sabe usted, 

-AüR. Demasiado. (Con el tono que la actriz juzgue más 

conveniente.) 

Carlos Esa infeliz ha sido débil; sus desengaños la 
han vuelto loca. Si su locura se descubre 
está perdida. ¿Contribuirá usted á perderla? 

Aur. Yo... 

Carlos No; usted no lo hará; me ocultará usted. 

AUR . (Luego de vacilar algunos instantes ) No insista 

usted; no puedo. He dicho á usted que soy 



— 20 — 

casada; acabo de llegar á este pueblo; nadie 
nos conoce en él todavía. Salga "usted. 

Carlos Si salgo me descubrirán. Dada la dirección 
que tomaron tienen que verme. Si me en- 
cuentra el marido... 

AUR. ¡Quizás le mate á USted! (Entre asustada é iró- 

nica.) 

Carlos (con dignidad.) ¡Señora!... No puede usted 
ofenderme porque no me conoce. Es por 
ella por quien suplico á usted que no me 
arroje de su casa. 

AüR. Y SI yo... (En este momento suena el timbre que co- 

munica con la puerta de cristales. Asustada.) Llaman.. 

Carlos (con serenidad.) Serán ellos. 

A UR . ¿Quién? (Temerosa ) 

Carlos Ese hombre y sus acompañantes. 

ESC. (Golpeando la puerta de cristales.) ¿Estás SOrda? 

Aurelia, abre; soy yo. 

AüR. ¡Escolástica! (Se dirige á la puerta de cristales v- 

la abre. Escolástica entra y cierra la puerta.) 



ESCENA IX 

AURELIA, ESCOLÁSTICA y CARLOS 



Esc. 



AüR, 



Esc. 

Carlos 
Aur. 



Carlos 
Aur. 



¡Qué sofocada vengo! ¡No te lo dije! Huevos 
y jamón... Había también sardinas aren- 
ques. (Reparando en Carlos.) ¡Cómo!... ¿No estás 

sola? (Aparte.) ¿Quién será este mozo tan 

guapo? (Deja la cesta, el mantón y el pañuelo enci- 
ma de una mesa.) 

(Aparte.) Ya te explicaré. Bástete saber que 
se ha presentado de repente. Como si cayese 
de las nubes. 

(ídem.) ¡De las nubes! No digas más. Es el 
de mis sueños de ama de cría. ¡El querubín 
(a Aurelia ) Esta mujer..i 
No tenga usted cuidado. Puede saberlo todo.. 
(a Escolástica.) El señor, es la sombra de en- 
frente. 
¡Vuelta! 
Le han sorprendido, ha tenido que huir, se 



— 21 — 

ha colado por esa ventana y quiere que le 

oculte. 
Esc. Comprendido. 

Carlos Si me encuentra el viejo no hay escape. 
Esc. ¿Conque es viejo? 

Carlos Y celoso. 
Esc. Entonces, ¿qué dudas? Esconde á este 

señor. 
Aur. Es... 

Esc. Le tenemos aquí hasta que se haga noche, y 

en cuanto se haga noche, se hace él noche 

también. 
Carlas Es que el tiro ha movido una escandalera, 

Andarán registrándolo todo. Pueden venir. 
Aur. Aquí no le hallarán. 

CARLOS ¿Qué? (Esperanzado.) 

Aur. Que me va usted á hacer el favor de mar- 

charse. ¿Qué diría mi esposo si llegara? ¿Qué 
, explicaciones iba á darle yo? . 
•Carlos No insisto. Sería egoísta sacrificar á usted 

por nosotros. (Hace ademán de dirigirse al fondo. 
En este momento se escucha rumor de pasos y voces 
en el jardin.) 

Pinto (Dentro.) De por juerza se ha escondió en la 

casa. 

MARCOS (ídem.) Llamaremos, (suena el timbre que comu- 
nica con la puerta de cristales ) 

€arlos ¡El! 



ESCENA X 

CARLOS, AURELIA, ESCOLÁSTICA, DON MARCOS, el TÍO PINTO 
y CORO GENERAL, dentro 

Música 



€oro 

Carlos 

Aur. 

<3oro 

Aur. 



Ha saltado por Ja tapia; 
debe estar en el jardín. 

¡Ellos! 

De seguro 
el ladrón se encuentra aquí. 
¡Jesús me valga! 



_ 22 — 

Esc. [Van á apiolarle! 

Carlos Basta; el camino 

sabré yo ahorrarles. 

(Dirigiéndose al foro.) 

Aur. Eso no; espérese usted. 

Marcos Registrad bien el jardín. 

Coro (Mitad.) 

¡Nada vemos por acá! 
Coro (Mitad.) 

¡Nada vemos por aquí! 
Pinto ¡Llamaremos! 

Aur. ¡Ay, Dios mío! 

Pinto ¡No responden! 

Esc. ¿Qué esperamos? 

Aur. Pronto, aquí. 

(Entra Carlos en la segunda derecha.) 

Marcos (Hablado.) O abren ustedes ó echamos la puert- 
ea abajo. 
Coro No hay duda, el ladrón 

se ha metido dentro 
de la habitación. 

AüR. (a Escolástica.) 

¡Abre! 

(Escolástica abre la puerta del foro.) 

Marcos (Entrando.) ¡Ya era tiempo! 
Esc ¿Trae prisa el señor? 

Marcos ¿Quién?... ¿yo? 

Esc. . ¡Sí! 

Marcos Traigo la bilis revuelta, 

traigo dudoso el honor, 
traigo hambre de muerte, 
traigo de honra sed. 
Coro ¡Eso es! 

Marcos Traigo esta escopeta, 

y véala usted. 
Coro Es de des cañones 

y de Lafusier. 
Marcos Yo soy un hombre atroz, 

feroz; 
usted no sabe 
lo que soy yo; 
busquemos al adúltero, 
aquí tiene que estar; 
recorramos esta casa 



— 23 — 

desde el patio hasta el desván. 

por arriba, por abajo, 

por delante y por detrás. 
Coro Por arriba, por abajo, 

por delante y por detrás. 
Marcos Y si al infame logro encontrar, 

yo lo cojo, yo lo rajo 

por arriba, por abajo, 

por delante y por detrás. 
Coro Ya lo creo que lo raja, 

¿no le tiene que rajar? 

y lo raja poi arriba, 

por abajo, por delante y por detrás. 
Pinto Vosotros á la esquina de la calle; 

vosotros á buscar por el jardín; 

vosotros á rondar junto á la tapia, 
Marcos Nosotros á buscarle por allí. 

Unos Nosotros por acá. 

Otros Nosotros por aquí. 

Pinto ¡Cuidado! 

Coro Por acá. 

Unos Nosotros por allá. 

Oíros Nosotros por allí. 

Marcos ¡Silencio! 

Coro ¡Por allí! 

Todos ¡Cuidado, ojo, chits! 

(sale el coro por el fondo y quedan en escena Aurelia 
Escolástica, Marcos, Pinto y dos lugareños.) 

Hablado 



Esc. 

Pinto 

Marcos 

Aur. 



Marcos 
Pinto 

Esc. 

Pinto 
Esc. 



(a Marcos.) ¿Se puede saber quién son uste- 
des? 

Yo soy el alcalde. 
Yo... soy yo. 

(Avanzando.) Y yo soy el ama de esta casa que 
les pregunta por qué vienen á ella con tan 
malas formas. 
Señora... 

Himos entrao, porque hay un ladrón. 
Aquí no hay ladrones. Digo, como no lo sean 
ustedes. 

Yo soy el alcalde. 
Ya lo sabemos. ¿Quiere usted un recibo? 



— 24 - 

Marcos El infame se ha refugiado en su casa de us- 
ted, (a Aurelia. Con furia cómica.) Seguidme. 
(Poniéndose á mover los muebles de la sala.) 

Aur. Falta que yo les dé á ustedes licencia. 

Marcos Nos la tomaremos,. 

Esc. ¡Groserote! 

Aur. No soy una mujer desamparada. Mi esposo... 

Marcos Su esposo de usted haría lo que yo. (a Pinto 

y lugareños.) ¡Al registro! 

Aur. ¡Y lo registrarán todo! (Acongojada.) E3 preci- 

so evitarlo. ¿Qué hacer? (Dirigiéndose á Mareos.) 

¡Caballero! 

Marcos Déjeme usted, señora. El honor es antes que 
nada. Han querido robármelo. Necesito ma- 
tar al ladrón. 

Pinto Sí, sí. Duro en él. De por juerza tié que ser 

' un forastero. En el pueblo no roba nadie 

por la tarde. 

Aur. (a Marcos.) Pero comprenda usted... reflexio- 

ne .. 

Marcos Cualquiera diría que sabe usted dónde fíe 
oculta y quiere impedir... 

AüR. ¿Yo? (Aparentando sorpresa. Reflexiona un instante 

y sonríe como si hubiera hallado una manera de salvar 
el peligro que amenaza á Carlos. Aparte.) ¡Ü/SO es! 
Así puede escapar. (Alto á don Marcos.) De 

ninguna manera. Registren utedes; yo 
misma les acompañaré. Pasen ustedes, (in- 
dicándoles la puerta de la izquierda.) 

Marcos Pasemos. (Deteniendo á todos con ei gesto ) El pri- 
mero yo. (Entra seguido del tío Pinto y lugareños.) 

AüR. (Deteniéndose un instante junto a Escolástica, que es- 

tará junto á la puerta de la izquierda.) ¡Que Se Vaya! 
¡Yo les entretendré! (Aurelia sale por la izquierda.) 



ESCENA XI 

ESCOLÁSTICA, CARLOS, MARCOS, dentro 

Esc Los tiuchos estos ni siquiera dan lástima. 

(Mirando por la izquierda.) Ya entraron. Esta es 

la ocasión. (Dirigiéndose á la derecha y abriendo la 

puerta.) ¡Chits! ¡Jovenl 



— 26 — 



Carlos 

Esc. 

Carlos 

Esc. 



Carlos 
Esc. 



Carlos 
Marcos 
Carlos 
Esc. 



(Pasando la cabeza por la puerta.) ¿Qué hay? 

Salga usted. 

(saliendo.) ¿Se han ido? 

No; pero es igual. Están por allá dentro: 

mientras ellos registran usté se larga y \vo- 

laveruml 

¡Mil gracias! 

Espere. Miraré antes .. (Abre la puerta de crista- 
les. Con desesperación cómica.) ¡No puede Usted 

salir! ¡La calle está llena de gente!... ¡Por 

vida!... 

¿Qué hacemos? 

(Dentro.) Veamos las otras habitaciones. 

¡Vienen! 

Hijo mío, Otra vez al Cuarto. (Empuja á Carlos, 
lo mete en el cuarto de la derecha y cierra la puerta de 
nuevo.) 



ESCENA XII 

ESCOLÁSTICA, MARCOS dentro y AURELIA ídem 

Esc. ¡Valiente compromiso! ¡La verdá es que al- 

gunas mujeres!... Por supuesto, el viejo se 
tiene la culpa ¿Quién le manda casarse con 
una joven? Así sucede lo que sucede. 

Marcos (Dentro.) ¡Nadie! 

AüR. (ídem.) ¿Lo Ve USted? (Entran por la izquierda 

Aurelia, Mareos, el tío Pinto y los lugareños 1.° y 2, ) 

ESCENA XIII 



ESCOLÁSTICA, AURELIA, MARCOS, EL TÍO PINTO, LUGAREÑOS 
1.° y 2.° 

Esc. (A Aurelia que le hace una señal interrogativa ) ¡Sin 

novedadl JMo se ha movido ni una rata. 
¡Cualquiera sale del hotel! Está todo el pue- 
blo á la puerta. 
Aur. (¡Virgen Santa!) Ahora vayanse antes que 

mi marido les pida cuentas de su conducta 
y les dé que sentir. 



26 — 



Marcos 

Pinto 

Marcos 



Aur. 

Marcos 

Esc. 

Aur. 

Marcos 

Aur. 
Marcos 



Carlos 



¿Irnos? 

De por juerza. 

No; aún queda algo por registrar. Esa habi- 
tación, (eu la de la derecha.) No me iré sin reco- 
nocerla. (Avanzando.) 
(con espanto.) ¡No! ¡Esta habitación, no! 

(Sorprendido.) ¿Por qué? 

Porque no nos da la gana. ¡Ea! 
Es el dormitorio de mi esposo y... 

(Con decisión.) He dicho que entraré. (Avan- 
zando.) 

(interponiéndose.) No. Lo exige una señora. 

Déjeme Usted pasar. (Tratando de separar á Au- 
relia, que estará delante de la puerta de la derecha. En 
este momento se abre la puerta de la derecha y aparece 
en ella Carlos con bata, zapatillas y un gorro en la. 
cabeza.) 

¿Se puede saber quién arma en mi casa este 
escándalo? 



ESCENA XIV 

AURELIA, ESCOLÁSTICA, CARLOS DON MARCOS, el IÍO PINTO, 
LUGAREÑOS 1.° 2.° 



Aur. 
Esc. 

Aur. 
Carlos 



Marcos 
Carlos 



Aur. 
Esc. 

Carlos 



(Aparte.) (¡Eli) (Sorprendida y confusa.) 

(Bajo á Aurelia.) Con las zapatillas, la bata y 

el gorro del amo. 

(Aparte.) (¡Y llama á esto su casa!) 

(Aparte.) (Creo que no me falta requisito. 

Bata, gorro, zapatillas... ¡Calla! ¿qué es esto? 

¡Una cartera!) (La guarda.) 

(a Carlos.) ¿Con quién hablo? 

Eso debía preguntarlo yo. Habla usted con 

el amo de esta casa. Con el marido de esta 

Señora. (Por Aurelia.) 

(Aparte.) (¡Mi marido!) 

(Bajo á Aurelia.) No es mala ocurrencia para 
salir del paso. 

Ya saben ustedes quién soy. Contéstenme 
ahora; ¿por qué arman en mi casa este es- 
cándalo? 



— 27 



Marcos 
Carlos 



Marcos 
Carlos 



Marcos 
Carlos 

Pinto 

Carlos 

Pinto 

Lug. l.o 

Pinto 

Carlos 



Marcos 



Carlos 
Marcos 
Carlos 
Marcos 



Esc. 
Marcos 



Carlos 
Marcos 
Carlos 



¡Escándalo! 

¡Y gordol ¡Para haberme despertado yo que 
cuaodo duermo soy un poste!... (a Aurelia.) 
¡Vamos! ¿Qué ocurre? ¿Qué hace aquí esta 
gente? 
Nosotros... 

(a Aurelia.) ¿Qué tienes? ¡Estás como asusta- 
da! (a Marcos, tío Pinto y lugareños.) Supongo 
que nadie se habrá atrevido á ofender á mi 
esposa, porque á ésta nadie la ofende mien- 
tras yo viva. ¡No faltaría más, Aurelia de 

mi alma! (Cogiendo cariñosamente las manos de Au- 
relia entre las suyas.) (Dispense usted. Son exi- 
gencias del oficio.) 

Hemos entrado persiguiendo á un hombre. 
¿Con qué título?... ¿Dónde está la orden ju- 
dicial que les autoriza? 
Yo soy el alcalde. 

En la calle. En mi casa es usted un intruso. 
¡Intruso! 
¿Qué será ego? 
De por juerza algo malo. 
Un intruso, (a Marcos.) Y usted otro. Han 
violado mi domicilio y se atendrán á las 
consecuencias 

Óigame usted. Hablo con un hombre de 
honor; con el jefe de una familia. El me en- 
tenderá. 
Oigo á usted. 

Yo adoro á mi mujer, caballero. 
Lo mismo digo. 

No es que dude de ella. ¡No permitiría que 
dudase ninguno! ¿Hay alguien que dude lo 
que es mi esposa? 

Nadie; no señor. Todos están conformes. 
No dudo de ella. Un seductor infame ha lle- 
gado á mi hogar mientras yo estaba ausen- 
te de él. Ha penetrado en la habitación de 
mi esposa, la ha sorprendido... ¡El seductor 
debe moiir y morirá. 
¡De ninguna manera! 
¡Dice usted que no! 

Digo, que no estoy conforme con usted, que 
puede haberse equivocado. 



— 28 ~ 

Marcos ¡Yo! ¿Oye usted á su marido? (a Amelia.) 

Aur. ¡Mi maridol ¡Ah, sí, sí! 

Marcos ¡Equivocarme yo! (a Carlos.) 

Carlos Vamos á ver. ¿Usted vio á ese hombre en la 
habitación de su esposa? 

Marcos ¡No! 

Carlos ¿Pudo usted distinguir su traje, sus faccio- 
nes, su aspecto, sus trazas, en fin? 

Marcos ¡No! 

•Carlos Entonces, ¿quién le asegura que atentaba 
contra su dignidad? ¿Quién no le dice que 
se trataba de un ratero que se había metido 
en la huerta á robar la fruta y que al sentir- 
le á usted huyó? 

Marcos Pero, ¿y el desmayo de mi esposa? ¿Y el 
. cuerpo que cayó sobre la arena del jardín? 
Ese cuerpo saltó de alguna parte. ¿De dón- 
de saltó? ¿Puede usted decírmelo? 

Carlos Sí, señor. De algún árbol ¿Hay algún árbol 
en su jardín tras de cuyas hojas pueda ocul- 
tarse un hombre? 

MARCOS (Luego de meditar algunos instantes.) La higuera. 

Esc. No cavile usted más, en la higuera estaba. 

Marcos ¿Y dónde está ahora? porque en esta casa 
no está. 

Carlos Habrá encontrado otra salida. 

Pinto. Como no se haiga dio por el conducto de la 
alcantarilla que se sale al campo. 

Carlos (a Mareos.) No haga usted más averiguacio- 
nes. Por la alcantarilla se fué. 

Pinto . Ya tiene que ser práctico. Solo habiendo tre- 
bajao y anduvío en ella, se pue hallar la sa- 
lía, porque tié muchas revueltas, y mun- 
cha... y vamos, que hay que estar mu avezao 
pa pasarla. 

Carlos (a Marcos.) ¿Ve usted cómo se trata de un la- 
drón vulgar? 

Marcos ¡Oh! 

Carlos Sobre todo, haga usted una cosa. ¿No está 
usted seguro de la virtud de su mujer? 

Marcos Como de la virtud de esta señora. 

Aur. ¡Muchísimas gracias! 

Esc. (Aparte.) No dirás que no es fino... 

Carlos Pues bien, ¿por qué, ya que le es imposible 



— 29 — 

hallar al ladrón, no va usted á su casa y 
consulta con su esposa y sale de dudas? 
Aur. Eso; vayase usted, vaya usted á tranquili- 

zarla. (Aparte.) ¡Me ahogo! (a Escolástica.) Tráe- 

me Un vaSO de agua. (Sale Escolástica.) 

Pinto Y no eche usté cuenta e ladrones. En este 

pueblo se vive muy á gusto. 

Marcos ¡Un demonio! ¡Ahora mismo lo dejo! Engan- 
cho mi coche y á Madrid. No quiero expo- 
ner á Angela á ladrones de una ó de otra 

clase. (Escúchase fuera ruido de voces.) 
CARLOS ¿Qué ruido es est? (Adelantándose hacia la puerta 

de cristales que habrá quedado abierta.) Un SUJetO 

desconocido entra en el jardín; se dirige á 

la Casa. Ya llega. (Aparece Tadeo en la puerta de- 
cristales.) 

TaDEO (Sorprendido.) ¿Qué significa esto? (Sale Escolás- 

tica por la izquierda con un vaso de agua y un píate 
en la mano.) 

AUR. (Desplomándose sobre la butaca.) [Mi marido! 

ESC. (Dejando caer el vaso y el plato encima de Carlos.)* 

¡El amo! 
Carlos ¡El diluvio! 



ESCENA XV 

AURELIA, ESCOLÁSTICA, CARLOS, TADEO, DON MARCOS, EL 
TlO PINTO y LUGAREÑO 1.° 

Música 



Aur. 
Carlos 

Marcos 
Pinto 
Coro 
Tadeo 

Todos 



¡Ay! 

Por Dios, señora, 
no se asuste usté. 
¿Quién es este hombre? 

¡Qué feo es! 

¿Quién soy? ¡ Vaya un chiste! 
Soy el amo. 

¿Usted? 
Entonces hay dos amos 
en el hotel. 



— 30 — 



Tadeo 


¡Dos! 


Aur. 


¡Dios mío! 


Tadeo 


Hay uno. 


Carlos 


Uno, sí señor. 


Esc. 


(A Aurelia.) AnÜHO. 


Tadeo 


Y ese amo... 


Carlos 


Ese amo soy yo. 




(Tadeo queda asombrado haciendo gestos.) 


Coro 


f ¡Qué gestos hace! 


Marcos 


> ¡qué pasos, da! 


PliNTO 


\ no sé á qué viene 




ni quién será. 


Tadeo 


Mis zapatillas, 




Mi gorro turco, 




¿pero esto qué es? 




¿quién es este hombre? 


Todos 


Pues hombre, el amo, 




¿no lo o)-e usted? (1) 


Aur. 


Yo no puedo consentir... 


Esc. 


Mira que lo va á matar. 


Pinto 


¡Pero qué visajes hace! 


Marcos 


Coro 


Taueo 


Dejarse de señas ya. 



(a Carlos, Escolástica y Aurelia, que le están hacien- 
do señas. Todo el Coro se vuelve y ellos quedan 
quietos.) 



Pinto 


i 


Marcos 


> No hay duda, loco está. 


Coro 


) 


Tadeo 


¿Loco yo? 


Coro 


Sí. 


Pinto 


De por juerza usté ha bebió, 




y la mona le ha cogió 




por ahí. 


Tadeo 


Ni mona, ni mico, 




ni nada, zopenco. 


Pinto 


Yo soy el alcalde. t 


Tadeo 


¿Por qué me hacéis gestos? 




(El mismo juego.) 



(l) Carlos, Aurelia, Escolástica, tío Pinto, don Marcos y Tadeo. 
El Coro vuelto de espaldas á Carlos, Aurelia y Escolásttca, y miran- 
do á Tadeo. 



— 31 — 



"Coro 


Mona perdió, 




claro se ve. 


Tadeo 


Y la impostura 




demostraré. 




Vamos, responde, 




habla, mujer. 




¿Quién es tu esposo? 


Carlos 


¡Eso! ¿Quién es? 


Aur. 


Mi espo. . 


Carlos 


Tu esposo. 


Tadeo 


Tu esposo. 


Carlos 


E?o es. 


Aur. 


Mi espo... mi espo... 




v~ mi espo. . ¡ay!... (Se desmaya.) 

Caballero, considere usté el disgusto 


Carlos 




que produce su locura á mi mujer. 


Tadeo 


¡tíu mujer! 


Todos 


¡Su mujer! 


Tadeo 


Y la echa aire, yo le mato, 




yo le voy á deshacer. 




Señor alcalde, 


' 


usté conoce 




al inquilino 




de esta mansión, 




por una carta 




que le han llevado 




de don Tadeo 




Sotomayor. 


Pinto 


Sí, señor. 


Tadeo 


Pues el Tadeo 



Pinto 
Tadeo 



Carlos 



Marcos 

Pinto 

Coro 



soy yo. 
¿Usté? 

Verá, 
Y mi cartera, 
¿dónde estará? 

(Registrándose los bolsillos y haciendo ademanes de 
duda primero y desesperación después.) 

Su cartera en el bolsillo 
olvidada se dejó, 
buen momento de probarle 
que el Tadeo ese soy yo. 

1¡Qué visajes hace el tío, 
cómo viene y cómo va, 
ó es que tiene la gran turca, 
ó es que está loco de atar! 



— 32 — 



Carlos 

Todos 
Carlos 



Coro 
Pinto 
Marcos 
Pinto 



Tadeo 
Coro 



Tadeo 
Todos 



¿No es el amo de esta casa 
Tadeo Sotomayor? 

Sí, señor. 

(Dando al alcalde la cartera.) 

Aquí están, mis documentos. 
Tadeo soy yo. 

El es Tadeo, 
tú el impostor. 
i 

Pues á la cárcel 

lo llevo yo. 
Andando. 

i Granujas! 
Andando pa allá. 
|Ande pa la cárcel, 
cállese usté yal 
Andando. 

¡Bandidos! 
Andando pa allá- 
¡Ande pa la cárcel, 
cállese usté ya! 

( Salen llevándose á Tadeo, que patalea y se resiste 
desesperadamente. ) 



ESCENA XVI 

CARLOS, AURELIA y ESCOLÁSTICA 

Hablado 



Aur. 
Esc. 

AüR. 

Esc. 
Aur. 



Carlos 
Aur. 



(volviendo en sí.) ¡Dios mío!... ¡Qué es esto! ¡Y 
él!... ¡Y Tadeo!... ¿Y mi esposo?... 
Acaban de llevárselo. 
¿Dónde? 

A la cárcel. Allí las pagará todas juntas. 
¿Qué dices? A la cárcel. ¿Y usted lo consin- 
tió? Y yo... No, de ninguna manera. Voy por 

él; desharé el engaño. (Haciendo ademán de 

salir.) 

Aurelia... (Quiere detenerla.) 

No; no. Suélteme usted. Voy en busca suya. 
No puedo consentir... Sería una infame... 



— 33 — 

Carlos Pero, señora, sosiégúese usted; es un instan- 
te; lo preciso para que no se descubra nada. 
Un cuarto de hora. 

AüR. Ni un minuto. (Dirigiéndose al fondo al ver que 

Carlos y Escolástica quieren interponerse.) No Se 

opongan ustedes porque sería inútil. Voy á 

buscar á mi marido. A decírselo todo. 
Esc. ¿Delante del otro, que estará al!í, mujer? 

Carlos ¿Qué va á ser de Angelita entonces? 
Aur. ¿Que va á ser de mi marido sá no? ¿Qué va 

á ser de mí? 
Carlos A ella la matará. 
Esc. Y á tu marido, lo más que le puede ocurrir 

es que el alcalde le dé dos palos. Ya ves que 

no es mucho. 
Aur. Vamos, vamos. Basta de dilaciones. Antes 

que todo, es mi marido, (Dirigiéndose al fondo.) 

y mi tranquilidad y mi deber. (En este momen- 
to la campanilla.) 



ESCENA XVII 

CARLOS, AURELIA, ESCOLÁSTICA, después FROILÁN 



Esc. Llaman. 

Aur. ¿Será Tadeo? 

Carlos Yo abriré. Si es él conmigo es con quien 
debe descargar su enojo, (se dirige á la puerta 

de cristales y la abre. Aparece Froilán en el fondo. 
Carlos al ver á Froilán hace un movimiento de sorpre- 
sa.) ¿Qué? 
FrOI. (Sin reparar en Carlos.) ¿Don Tadeo Alvarez? 

(Reparando en Carlos muy sorprendido.) ¡Eh!... 

¿Tú? 

Carlos Padre... 

Froi, ¡Chico! ¿qué haces aquí en casa de mi me- 

jor amigo, con esa indumentaria? (Avanzando 

á primer término.) 
CARLOS (a Froilán.) Yo te explicaré. (A Aurelia.) Mi 

padre. . 
Aur. Su... 

Carlos Don Froilán Avendaño. 

3 



-- 34 — 



Esc. 

Carlos 

Froi. 

Carlos 

Esc. 

Auk. 

Esc. 

Auk. 
Esc 



Froi. 



Eec. 
Froi. 

Aur. 
Froi. 

Carlos 
Froi. 



Carlos 
Froi. 



{Jarlos 
Froi. 



Froilán. 

(a Froilán.) La esposa del dueño de la casa. 

(\ Aurelia.) Señora... (Saludando. A Carlos.) Pero 

dime... 

Oiga USted. (Lleva á su padre á un lado y le habla 
al oído.) 

(a Aurelia ) ¡Don Froilán! Este es el convidao. 

Indudablemente. 

Y el amo decía que se parecía á él. ¡Pues no 

va diferencia! 

(Aparte.) El íntimo amigo de mi esposo. 

Mira, hija; éste puede arreglarlo todo De 

otra manera sería muy difícil amansar a 

Tadeo. Así... No te afijas; recobra el ánimo 

mujer. (Durante este diálogo, Froilán y Carlos ha- 
brán hecho como que hablan aparte, demostrando el 
primero en sus gestos y actitudes la sorpresa que le 
produce el relato de su hijo.) 

(Alto.) ¡Qué desatino! (a Aurelia.) Señora, coja 
usted una estaca y sacúdale firme á este ca- 
lavera. Tienes la cabeza á las once. ¿Y pue- 
de saberse quién es ella? ¿Vive en el pueblo? 
Sí, señor. 

Entonces la conozco; porque conozco en el 
lugar á casi todo el mundo. 

Ahí enfrente vive. (Señalando por la ventana.) 

¿Allí?... ¿Entonces es Angelita, la de Gon- 
zález? 
Sí, señor. 

¡Buena pieza! No merecía la honra de que 
hubieses proporcionado á esta señora un 
disgusto. 

¡Eh! (sorprendido.) 

La conozco hace bastante tiempo. ¡Gloriosa 
conquista!... Con otra así, ni don Juan Te- 
norio. 
Papá,.. 

¡Pobre don Juan! Esa Inés ha pasado el 
Guadalquivir muchas veces, (a Aurelia.) Cál- 
mese usted, cálmese usted y no tema que se 
enfade Tadeo. Yo iré á buscarle; el alcalde 
es amigo mío. Todo se arreglará. Cuestión 
de cinco minutos. Hasta añora mismo. Y 
excuse las locuras de este mozc> bien casti- 



— 36 — 



Carlos 
Froi. 



Esc. 



Aur. 
Esc. 



gadas quedan con la prenda por quien las 
hizo. 

Es decir... 

Que eres un majadero. Por ciertas mujeres 
no debe comprometerse nadie ni compro- 
meter á nadie tampoco. Voy por nuestro 

hombre. (Dirigiéndose al fondo.) 

Y yo á tenerles á ustedes la cena. ¿Todo 
será frito, eh? No pida usted salsas porque 

no hay tiempo. (Sale Froilán por el fordo.) 
(A Escolástica.) Da luz . 

Al momento. (Enciende una luz eléctrica y sale 
por la derecha.) 



ESCENA XVIII 



AURELIA 



C A R L O 8 



Carlos 



Aur. 
Carlos 



Aur. 



Carlos 
Aur. 

Carlos 
Aur. 



Carlos 



¡Por ciertas mujeres! Y mi padre no es ca- 
paz de mentirme, (con despecho ) ¡Conque soy 
un babieca! ¡Conque Angelita ha pa?ado el 
Guadalquivir muchas veces! ¡Y por una 
dama tan .. fluvial he comprometido yo á 
usted, Aurelia! 
(Riendo.) ¡No se aflija usted! 
¡Y yo creía ser su primera pasión! ¡La pri- 
mera!... ¡Dios sabe qué número me habrá 
tocado en el sorteo! (a Aurelia.) Señora, mi 
proceder no tiene excusa. ¡Se ha sacrificado 
usted por un imbécil! 

¡No lo tome usted tan á pecho! No la insul- 
te usted. Acaso sea usted el culpable único 
del desengaño que padece. 
¿Yo? ¿Por qué? 

¿Cuánto tiempo le ha costado á usted la 
conquista de esa señora? 
No recuerdo. Pero, en fin, muy poco. 
Pues, amigo, el amor de las mujeres vale 
tanto como trabajo cuesta conseguirlo. ¿Por 
qué razón si la rubia de enfrente le ha 
costado poco, se extraña usted de que no 
valga mucho? 

(Avergonzado.) Verdad. 



— 36 — 

Aur. Siendo verdad no debe usted quejarse ni 

sorprenderse por la noticia que le han dado. 
Era de esperar. 

Carlos ¡Pero no era de esperar la bondad y la her- 
mosura y el talento de UStedl (Con vehe- 
mencia. ) 

Aur. (con coquetería.) Dejemos la hermosura á un 

lado. 
Carlos (con galantería.) Al lado del corazón la pondría. 

(Haciendo ademán de avanzar.) 
AüR. (Deteniéndole con el gesto. Irónicamente.) ¡Que no 

estamos en el hotel del señor González! 
Carlos ¡Aurelia!... Es usted un encanto. (Queriendo 

coger una mano de Aurelia.) 

Aur. (Rechazándole.) Cuidadito, que ya no es usted 

marido de ocasión... 

Carlos ¡Así lo fuera en efectivo! ¡Si Dios me hubie- 
se concedido la ventura de poseer á usted, 
si fuese yo el .dueño de tanta belleza, de tan- 
ta gracia!... (con tono apasionado.) ¡Aurelia!... 
¡Aurelia!... 

AüR, (Dirigiéndose á la derecha ) ¡Escolástica! ¡EsCO- 

lástica! 

EsC. (Apareciendo en la derecha.) ¿Qué Se ofrece? 

(Suena el timbre.) 

AUR. Nada ya; que abras. (Escolástica abre la puerca 

del fondo, en la que aparecen Tadeo y Froilán. Esco- 
lástica se va después de abrir.) 



ESCENA XIX 



DICHOS, TADEO y FROILÁN 



Tadeo (Dirigiéndose á Carlos.) ;Venga usted, venga us- 
ted aquí, so pillastre! Debía pegarle dos ti- 
rones de orejas. ¡Válgate el tenerte por fia- 
dor! (a Froüan) ¡Demonio de ocurrencia! ¡No 
está mal!... ¡Sin embargo, que agradezca ser 

hijo tuyo. (A Aurelia.) Y tú... 

Aur. ¿Yo qué iba á hacer? 

Tadeo Una seña. 

Aur. Más de cien te hicimos. 

Froi. No se hable más. 



— 37 

Tadeo Apropósito: Carlitos, dame la cartera. Qué- 
date con los documentos si quieres, por si 
te hacen falta otra vez; pero devuélveme 
cinco mil pesetas que hay en el bolsico del 
centro. 

Carlos Tome usted y dispense. (Dándole la cartera.) 

Tadeo Nada, que te dispense el otro (a Froilán.) Es 
un guapo chico, (a Aurelia.) ¿Verdad?... Su- 
pongo que la cena estará dispuesta. 

Aur. Creo que sí. (a Froüán.) Comerá usted deplo- 

rablemente. La culpa no es nuestra. Se la 
hecha usted á su hijo. ¡Escolástica! (sale Esco- 
lástica por la derecha.) 



ESCENA ULTIMA 

DICHOS y ESCOLÁSTICA 

Esc. ¿Qué quieres? 

Aur. ¿Está la cena? 

Esc. Cuando ustedes gusten. 

Tadeo Andando, (a Froilán.) ¡Anda, hombre! (Empuja 

á Froilán y entra con él por la derecha Al desapare- 
cer Tadeo y Froilán, la orquesta empieza á repetir el 
vals de las sombras.) 

Carlos ¡Aurelia!... 

Aur. ¡Carlos!... 

Carlos ¡Aurelia!... 

¿me quiere usted perdonar? 
Aur. Sí, señor. 

CARLOS (Cogiendo la mano de Aurelia entre las suyas.) 

Sea esta mano 
de mi perdón la señal. 
Aur. Carlos... 

Carlos Mis labios en ella 

quiero poner. (Besando la mano á Aurelia.) 

Aur. ¡Imprudente! 

¡Que van á verse las sombras 
desde el hotel de ahí enfrente! 



TELÓN 



OBRAS DE JOAQUÍN DICENTA 



El suicidio de Werther, drama en cuatro actos y en 

verso. 
Xa mejor ley, drama en tres actos y en verso. 
Los irresponsables, drama en tres actos y en verso. 
Honra y vida, leyenda dramática en un acto y en verso, 
Luciano, drama en tres actos y en prosa. 
El Duque de Gandía, drama lírico en tres actos y un 

epilogo. 
Juan José, drama en tres actos y en prosa. 
El señor Feudal, drama en tres actos y en prosa. 
Curro Vargas, drama lírico en tres actos y en verso (1). 
La cortijera, drama lírico en tres actos y en verso ^1). 
El tío Gervasio, monólogo en un acto y en prosa. 
Raimundo Lulio, ópera en tres actos y un epílogo. 
Aurora, drama en tres actos y en prosa. 
De tren á tren, comedia en un acto y en prosa. 
El Místico, drama en cuatro actos y en prosa, traducid o 

del catalán. 
¡Pa mí que nieva! modismo en dos cuadros y en prosa. 
Juan Francisco, drama lírico en tres actos y en verso. 
La conversión de Manara, comedia en tres actos y seis 

cuadros y en verso. 
El vals de las sombras, juguete cómico-lírico en un acto 

y en prosa. 
Amor de artistas, comedia en cuatro actos y en prosa. 
Daniel, drama en cuatro actos y en prosa. 
Marinera, monólogo en un acto y en prosa 
Lorenza, comedia en tres actos y en prosa. 
El crimen de ayer, drama en tres actos y en prosa. 
Los majos de plante, saínete en un acto y tres cuadros, 

en verso (2). 
Entre rocas, zarzuela en un acto y tres cuadros, en verso. 
La confesión, comedia en un acto y en prosa. 
Spoliarium, novelas cortas. 
Tinta negra, artículos y cuentos. 



(1) En colaboración con Manuel Paso. 

(2) ídem con Pedro de Répide. 



Precio: UNGL peseta